Sentada en el parque. Se fijó a los costados, nadie, ni de un lado ni del otro. No habia nadie. Tal era el vacio que hasta llegó a dudar de su propia presencia alli. No le importó demasiado, ya Descartes habia hablado bastante y despues vinieron otros para darle y darle con la teoria. Que mas podia decir? Nada. Y asi está bien. No le interesaba decir ni pensar, solo sentir. No hay nadie. Podía cantar si quería, pero prefirió gritar... Podía llorar con lagrimas de sal, y lo hizo. Lloró mares y oceanos, lloró lluvias interminables que inundaron sus ropas, lloró vientos, rocas y hojas secas, lloró melodias hasta ahogarse, hasta callar. Y ahogada y callada siguió llorando, por que no habia nadie, aunque tampoco eso ya le importaba demasiado.

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