Una noche de invierno, fría, muy fría, después de un par de tequilas, me confesó que le gustaban mucho los pies, y que a veces quería chuparle los dedos a su novio aunque nunca se habia animado a pedirselo. No me pareció tan extraño. Yo tambien me confesé. Cuando pasamos los 3 tequilas cada una, esas palabras ya se habian transformado en una hermosa confianza recíproca.
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