Ahora si... cuando oficialmente habia llegado al medio de la nada, recien pudo empezar a llorar.
Las lagrimas no le dejaban ver el paisaje; el sol, asomandose apenas detras de una cantidad considerable de nubes, la empañaba y la encandilaba de a ratos. No le importaba no ver. No le importaba nada mas que eso que la hacía llorar en ese momento. Ingeniero Rómulo Otamendi. Los arboles le desataron el nudo, parecían montañas, selva, bosque, todo junto. Hojas amarillas y gente pobre. Juncos y barro. Lagrimas... de nuevo.

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